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NUESTRO FUNDADOR
Mosen
Francisco Izquierdo Molins, no sólo fue el fundador de la Cofradía sino su
más decidido impulsor una vez constituida ésta. Es verdad que supo
rodearse de elementos valiosos para realizar tan magna obra, pero lo
cierto es que, desde su preparación e inicio, hasta que su última
enfermedad le impidió hacerlo, no faltó -mientras pudo- a ninguna reunión,
juntas de gobierno o generales, actos eclesiásticos, procesionales, etc.,
relacionados con la misma, en donde siempre ponía su acertado punto de
vista, actuación y aun dinero, para la mejor realización de sus objetivos.
Son de recordar sus palabras finales en las Juntas y Capítulos con las que
hacía un resumen y recalcaba lo fundamental e importante de cada sesión;
como los consejos particulares que daba a los componentes directivos, y su
presencia en las procesiones específicas de las Siete Palabras en las que
no se limitaba a estar en la presidencia que le correspondía por derecho,
sino como lo recordamos y vemos fotografiado en 1.962 por el paseo de la
Independencia entre las filas de Hermanos procurando que este desfile se
realizase con toda dignidad, ya que una simple mirada suya a cualquier
cofrade que no procediera con la máxima corrección, valía más que la
reconvención verbal del Hno. Cetro.
Sería interminable referir
todo lo hecho por él en y por la Cofradía, por eso parece lo más acertado
resumirlo diciendo que mientras vivió fue: el alma substancial de la misma; sin
que eso quiera restar mérito alguno a sus más decididos colaboradores en tan
espiritual empresa cuya principal misión -tan acertadísima- fue llevar la
Palabra Divina a la calle, donde pudiera ser escuchada, no sólo oída, por
quienes alejados de los templos no tienen otra ocasión de percibirla.
Como fundamento de lo que
sobre él acabamos de decir, lo mejor es leer la Semblanza que a continuación
hacemos de su vida para que se vea, o se vislumbre al menos, lo mucho que pudo
hacer con su valía, por la obra quizá mejor lograda por él como fue la creación
de nuestra Cofradía.
* Nace Mosén Francisco en
Torrecilla de Alcañiz el 1 de Abril de 1.903, donde pasó su primera infancia. Su
padre era el farmacéutico titular de esta localidad del Bajo Aragón y Alto
Teruel.
Hizo sus estudios de la
carrera eclesiástica en el Seminario Menor de Belchite y en la Universidad
Pontificia de Zaragoza. Se doctoró en la Facultad de Filosofía Escolástica e
inició después los estudios de Derecho Canónico, que simultaneaba con el cargo
de profesor auxiliar o pasante de cátedras, para el que fue nombrado el año
1.920.
En Diciembre de 1.926 fue
ordenado sacerdote, y ese mismo año terminó sus estudios civiles de Filosofía y
Letras en la Universidad de Zaragoza.
Fue, por espacio de tres
años, coadjutor de la parroquia de Ainzón, y en 1.930 obtuvo, en concurso
general a curatos, la parroquia de Plenas, que rigió poco más de dos años.
Al comenzar el curso
1.932-33 fue nombrado profesor del Seminario Metropolitano y Capellán del
Convento de Santa Rosa, y en 1.935 beneficiado de San Miguel de los Navarros
donde estuvo unos 14 años.
Ganó por oposición la
canonjía con cargo de Penitenciario de la S.I.M. de Zaragoza, de la que tomó
posesión el 23 de Abril de 1.947. La Santa Sede le concedió los honores de
prelado doméstico de Su Santidad.
Fue el más notable impulsor
de la Acción Católica en la diócesis de Zaragoza: Consiliario del Centro de
Mujeres de A.C. de San Miguel, durante veinticinco años Consiliario diocesano de
la Juventud, hasta 1.959; desde ese año del Consejo Diocesano de Hombres de A.C.
hasta su muerte, en Madrid adonde se había trasladado por razones de salud y
familiares el 4 de Diciembre de 1.973. Traído a Zaragoza, su funeral y entierro
fue el día 6.
Entre las obras creadas por
él, algunas de gran trascendencia social, hay que anotar la Cofradía de las
Siete Palabras y de San Juan; el club deportivo Stadium Casablanca;
cadena de cines Film Dux; Radio Popular de Zaragoza; Colegio Mayor Universitario
Hispanoamericano de Nuestra Señora del Pilar y Fomento de la Cultura, Arte y
Recreo.
Escribió el
Devocionario litúrgico y tres libros que fueron:
Manual de los jóvenes de Acción Católica; Los jóvenes de Acción Católica y
Militantes en acción.
De él dijo el Sr. Arzobispo
en la homilía de su funeral, celebrado en el Pilar: Mosén Francisco fue ante
todo, en todo, con todos y siempre un auténtico sacerdote de Cristo y de su
Iglesia; un sacerdote de los que en todos los tiempos y hoy quizá más que nunca
la Iglesia quiere, el mundo necesita y los hombres creyentes y no creyentes
esperan y anhelan en el hondón más íntimo y profundo de su consciencia.
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(Obra consultada:" Cincuenta años
de tambor en la ciudad de Zaragoza" de Mariano Rabadán Pina)
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