NUESTROS PASOS
Desde luego que no vamos a contar aquí los
millones de pasos que entre todos los cofrades hemos andado por las calles de
Zaragoza, formando en las mas de cien procesiones, una del mediodía y otra al
atardecer, durante más de cincuenta años consecutivos, acompañando a los Pasos
escultóricos de Semana Santa entre cuyas figuras piadosas destaca, sobresaliendo
de todas, la divina de Jesús, crucificado en aquel Viernes Santo
sublime de hace casi veinte siglos que ahora conmemoramos recordando apenados la
Pasión y Muerte del Redentor.
Es sobre tres de esos llamados Pasos
procesionales (cuyos dos primeros tantas veces hemos escoltado dentro de
nuestros blancos hábitos y verdes capirotes para predicar matinalmente las
Siete Palabras y marchar en el cortejo vespertino del
Santo Entierro) de los que vamos a tratar ahora, comentando las vicisitudes de
cada uno.
Y comenzaremos por el de
El Calvario (propiedad de la Hermandad de la Sangre
de Cristo) ya que es el primero del que se hizo cargo nuestra Cofradía, en
1.940, cuando dicha Hermandad, organizadora de la Procesión general de las
tardes crepusculares de los Viernes Santos zaragozanos, no permitió que
los 38 primeros Hermanos integrantes ese año de la misma sacasen
procesionalmente, sobre una peana, un grupo escultórico formado por el
Santo Cristo y dos bellas figuras de la Virgen y San Juan, procedentes de
la Iglesia del Portillo
(que eran las más idóneas para
ayudar plásticamente a la predicación oral de las Palabras Divinas (según
la opinión del asesor artístico, el escultor
D. Félix Burriel).
Se tuvo que aceptar el salir (so pena de no hacerlo aquel año)
llevando el citado Paso llamado también de La lanzada, o de Longinos y el Caballo, lo mismo que de Longinos y los
Ladrones, según las distintas denominaciones vulgares de
dicho conjunto escultural que oficialmente se llama:
El Calvario se llama así, porque este grupo escultórico,
formado por siete figuras de tamaño natural, obra del artista bilbilitano
José Alegre en su taller de Calatayud y traído a Zaragoza
en 1.841, representa el momento en que el citado soldado romano, montado en su
caballo blanco, atraviesa con su lanza el costado del Señor, muerto ya en la
Cruz, a cuyo pie se encuentran la Virgen Dolorosa y el Apóstol San Juan,
enmarcados los tres por las otras dos cruces laterales donde han sido rematados
Dimas y Gestas después de que al primero, arrepentido, le prometiera el Redentor
tenerlo consigo en el Paraíso aquel mismo día, mientras pronunciaba su Segunda
Palabra.
El conjunto, desde el punto de vista
artístico, es de gran valor y de una ajustada realización, estando muy bien
conjugadas las figuras y expresando perfectamente la escena que quiere
representar; quizá se inspirase su autor en una hermosa, pero más dramática,
pintura de Rubens sobre el mismo tema, y desde luego tiene una plasticidad y un
realismo completos, siendo uno de los que más destacan entre el resto de la
procesión.
Como, al recibirlo en usufructo la
Cofradía, estaba el Paso bastante desangelado, sobre todo en lo referente a la
carroza, hubo que darle un buen retoque rodeando la peana de una greca de madera
tallada que le diera realce y ajustando mejor las faldas que ocultaban las
ruedas, a la vez que tapaban los focos eléctricos que, para darle adecuada
iluminación nocturna en la procesión del Santo Entierro, hubo que colocar
también; no se pudo hacer más en cuanto a las figuras, por no ser propietarios
de las tallas y porque se hubiera alterado la composición del conjunto y lo
fundamental de su esencia, que era, comprobar (con la lanzada) y asegurarse (al
ver salir de la herida sangre y agua) de que Cristo estaba muerto realmente; que
es lo que el Paso quiere representar.
Por ello, al llevar un Jesús muerto y
tenerse que predicar con él las Palabras pronunciadas estando aún vivo, este
Paso no era el más adecuado para realizar acertadamente la principal misión
evangelizadora de la Cofradía, de ahí por qué el deseo fue siempre, retocar la
cabeza de la imagen del Crucificado (cosa que por las razones antes apuntadas no
podía hacerse) o, como al fin se logró, tener uno propio que respondiera a esas
exigencias tan lógicas como apetecidas.
Con todo, este Paso fue llevado por
nuestra Cofradía en ambas procesiones desde 1.940 hasta 1.947 y, solamente en la del
Santo Entierro, los años 48 al 50 inclusive ya que existía el compromiso con la
Hermandad de la Sangre de Cristo de seguir sacándolo a pesar de que por la
mañana y tarde llevábamos también el nuestro, por lo que en las procesiones
vespertinas hubo, esos tres años, sendos Cabeceros para ambos Pasos.
El año
1.951 se entregó definitivamente a la Hermandad propietaria, que lo sacó en
su procesión general con los ocho nuevos hábitos negros de tercerol con que se
devolvió, y en 1.952 se hizo cargo de él la
Cofradía de la Crucifixión del Señor que es la que ahora
lo tiene en usufructo como antes la nuestra.
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El Paso de la tercera palabra
Fruto
de las constantes deliberaciones y acuerdos de las Juntas de Gobierno y
Capítulos Generales de todos esos años (durante los cuales la idea
predominante era tener el Nuevo Paso con las características deseadas),
fue la construcción del mismo, cuya preparación puede resumirse diciendo
que:
En el Capítulo General de 28 de diciembre de 1.940 ya se dio cuenta de las gestiones efectuadas para la adquisición de un
nuevo Paso o modificación del actual. Por razones económicas se convino lo
segundo, quedando para mejor oportunidad la adquisición del nuevo.
En el de 27 de diciembre de 1.941 se expuso que de todas las diligencias encaminadas a modificarlo sólo
había posibilidad de unas pequeñas transformaciones pero no las sustanciales
para lo deseado, por lo que no se dejaba la idea de poseer uno nuevo. Algo
semejante se dijo en el del siguiente 1.942; y, en el de Cuaresma del 43, se
habló de las gestiones realizadas con las H.H. Nazarenas que ocupan la
Residencia de San Juan de los Panetes,
en el sentido de hacer en este templo un altar de talla cuyas imágenes pudieran
sacarse en nuestras procesiones.
Como todo lo relacionado con
este tema durante 1.944, no daba sensación de poder resolver el asunto
favorablemente sólo basándose en cábalas y suposiciones, se propuso en la Junta
de Gobierno del 28 de abril de 1.945 y así se acordó , la creación de una Comisión especial para estudiar
el caso, y aunque el Hermano Cabecero, Mariano Marín
-perteneciente a la misma- dio cuenta el 27 de octubre de que no habían
cristalizado las gestiones hechas hasta el momento por la Comisión para resolver
el problema, las reuniones de la Junta los días 10 y 13 de noviembre fueron para
tratar casi exclusivamente del Nuevo Paso, acordando celebrar un Capítulo
Extraordinario el 2 de diciembre para presentar tres proposiciones: una dando
cuenta de los deseos de tener Paso, otra relativa a la parte artística del mismo
y por último tratar la parte económica, ya que existían algunas propuestas de
artistas cuyos bocetos se estudiaban allí y se llevarían a dicho Capítulo, para
que éste los conociera y decidiese.
En él, el Hno. Mariano Biu, hizo historia
de lo realizado en este sentido desde la fundación de la Cofradía y los deseos
unánimes de contar con ese Paso, pero que los hermanos habían de decidir con sus
votos y, desde luego, contribuir monetariamente con su esfuerzo. El Hno. Marín
expuso lo realizado por la Ponencia creada para tal fin en relación con algunos
artistas, principalmente con el Sr. Pueyo del cual es la maqueta
que se presentó, y el Hno. Gorrindo dio cuenta del presupuesto (44.000
Pts.), la fórmula económica, y de que ya existía un donativo anónimo de 10.000
Pts.
El Capitulo aprobó
unánimemente la construcción de un Paso con esas características, así como el
nombramiento de una Comisión de Arte, dependiente de la Junta, para que se
entendiera con el artista y que la obra fuera costeada por todos los Hermanos
según las posibilidades de cada uno.
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Se nombró presidente de la
Comisión Artística al Hno. Mariano Biu y de la Económica para el Paso al
Hno. Isidoro Vara, quien a primeros de 1.946 comunicó a la
Junta de Gobierno -de la que era entonces Secretario- que aunque faltaban 50
Hermanos por llenar el boletín de suscripción, podía iniciarse la construcción
del mismo gracias a que la mayoría lo había hecho unánimemente con la
generosidad de muchos y la esplendidez de algunos.
Dado que la excusa que ponen
los rezagados para no suscribirse es dudar de la garantía artística del, para
ellos desconocido, propuesto autor del Paso Sr. Pueyo, se acuerda que antes de
seguir adelante con él se consulte con otros escultores de reconocido prestigio
y solvencia artística como el Sr. Burriel tan ligado desde el principio a nuestra Hermandad, y prestigiado
internacionalmente, quien considerándolo un gran honor que agradece y por el
cariño que tiene a la Cofradía, se comprometió a realizarlo, ajustándose a la
cantidad presupuestada y poder salir en 1.947.
Por ello en el Capitulo
General de Pasión del 7 de abril, se presentó la propuesta de tener al Sr. Burriel como autor del Paso
y la del Sr. Pueyo para hacer la carroza con su peana, ya que el primero
realizaría el grupo escultórico de las tres principales figuras: Jesús
Crucificado, la Virgen y San Juan, por
35.000 Pts., pues aunque no era remuneradora esa cifra, él está encariñado con
la idea de tallar un Cristo Vivo que será su sueño de artista y recibirá culto
de la Cofradía con la que está unido por lazos de afecto desde su fundación,
como asesor artístico.
Aprobado por el Capítulo, y tras la
visita al escultor Sr. Burriel de una comisión facultada para firmar con
él el contrato y la entrega de las primeras 10.000 pesetas, comenzaron los
trabajos de talla de las figuras y construcción de la peana, la cual fue
reducida de tamaño porque se acordó, definitivamente, refundir las figuras
correspondientes a las llamadas Tres Marías en una sola, representando a
María Magdalena y quedando así en cuatro las tallas que formaban el boceto
inicial que estaba compuesto al principio por seis personificaciones.
Así transcurre 1.946, en cuyo 20 de
noviembre el Sr. Burriel dice que no se compromete a tener el Cristo
tallado para la próxima Semana Santa como estaba previsto, aunque sí todo
el Paso para Navidad de 1.947, ya que quiere
hacer algo especial que destaque entre todos los demás que desfilan en la
Procesión del Santo Entierro, y esto requiere su tiempo.
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El 26 de abril de 1.947, la comisión artística da
cuenta de su visita al estudio del escultor con el que se acordó el tamaño de
las figuras, 1,60 m. y que, de momento, no se
haría la de María Magdalena; apreciándose que las que tiene hechas están muy
bien logradas en sus expresiones, viéndose por ello, no sólo el interés que
tiene por la obra sino también su gran ilusión por realizar unas tallas
perfectas.
De esta forma se entra en
1.948, y el 16 de enero se informa de la marcha que lleva la construcción del
Paso, que está muy avanzado y a punto de poder salir en la procesión de este
año, si bien por falta de tiempo, la pintura de todas las figuras no podrá ser
con el estofado correspondiente más que la del Santo Cristo, aunque las otras
dos saldrán con todo esmero pintadas al temple para que al siguiente vayan todas
estofadas definitivamente; por más que esta técnica pictórica hecha sobre una
capa de oro bruñido, afecta más a la duración que a la prestancia del trabajo,
aunque lo prestigie y revalorice extraordinariamente.
En el Capítulo General de
Cuaresma del 14 de marzo de ese año, se informa a los hermanos de todo lo
relacionado con el nuevo Paso, la peana con su correspondiente greca y la
carroza que ha de llevar el hermoso grupo escultórico en la próxima procesión de
las Siete Palabras, cumpliéndose así
el sueño dorado de todos que al fin van a verlo realizado, y que podrán
contemplarlo, terminado y montado, en el taller del Sr. Burriel los días 21 y
dos siguientes. Allí estará expuesto para que ellos y sus familias puedan
disfrutar de tan gozosa primicia, antes de que el pueblo zaragozano pueda
hacerlo días después mientras presencia el desfile procesional de Viernes Santo
y escucha las predicaciones ante tan magnífico retablo portátil, acto realizado
de la forma que se detalla en el memorable
año 1.948, en tan venturoso día de feliz recordación para toda la Cofradía, en
su primera salida pública para predicar junto a él las Siete Palabras del Señor
en esa fecha por las calles de Zaragoza.
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Digno de mención es el solemne
acto de bendición arzobispal efectuada por el Prelado de la Diócesis,
Rvdmo. Sr. D. Rigoberto Doménech y Valls ,
a las 5 de la tarde del día 22 de marzo en los talleres escultóricos del autor,
D. Félix Burriel, y en presencia de Mosén Francisco Izquierdo, el Párroco
de Santiago y la Junta de Gobierno de la Cofradía en pleno.
Después de las dos procesiones
matinal y vespertina de Viernes Santo, el Paso fue llevado a la iglesia de
Santiago Apóstol, donde durante dos años (hasta abril de
1.950) estuvo guardado, montado íntegramente, en una amplia capilla del templo,
desde donde era llevado el Viernes Santo hasta la plaza de
San Cayetano para ir en ambos desfiles procesionales,
hasta que en 1.951 tuvo su altar propio en la iglesia de
Santa Isabel. Allí sus imágenes reciben culto público y están expuestas a la
contemplación de los fieles que van a verlas y son besados los pies de Cristo
por los cofrades después de la misa solemne previa a los Capítulos de San Juan,
que se celebran todos los años en diciembre, o de Cuaresma el Domingo de Pasión.
Definitivamente, este
magnífico grupo escultórico está constituido por las tres figuras
representativas de Jesús clavado en la Cruz en el momento que pronuncia Su
Tercera Palabra: <<Mujer he ahí a tu Hijo. Hijo he ahí a tu Madre>>
, dirigida amorosamente a la Virgen y a San Juan, que se hallan dolorosamente
afectados a sus pies, en actitud expectante y compungida; todas ellas con una
belleza y patetismo impresionantes, causando la admiración y respeto de propios
y extraños que las contemplan en su altar o desfilando procesionalmente en
Semana Santa.
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El Paso de la quinta palabra
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Entre los actos y realizaciones
proyectados por la Junta de Gobierno y Comisiones Organizadoras del
Cincuentenario de la fundación de la Cofradía, se hallaba la de incorporar al Paso de las Siete Palabras la figura de Maria
Magdalena que aunque estaba incluida en el proyecto inicial de Burriel, su
construcción había sufrido muchos aplazamientos, Como al fallecer dicho
escultor, el hecho de poner una talla de autor distinto al de las otras, más
bien hubiera supuesto un "pegote" que un acertado complemento, se desechó esta
idea que había permanecido sin declinar durante todo este tiempo.
No obstante, la efigie tallada de
esta gran pecadora arrepentida que alcanzó la santidad, va a figurar en el
Segundo nuevo Paso propiedad de la cofradía, a estrenar en la
Procesión de las Siete Palabras número Cincuenta; fecha exacta
en anualidades de la salida del primer desfile procesional de nuestra Hermandad
en 1.940.
De esta forma se quiere conmemorar
tal efemérides, enriqueciendo a la vez las manifestaciones externas de la Semana Santa zaragozana con un digno y hermoso
grupo procesional que complete, más aún, la ya de por sí exuberante procesión
del Santo Entierro, que es sin duda la más completa de España en cuanto al
número y representaciones plásticas de escenas de la Pasión y Muerte del
Redentor que desfilan ordenada, cronológica y conjuntamente en un solo acto
público religioso en estas fechas memorables.
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En el Capítulo General de Cuaresma
-29 de marzo, 1.987- el Hno. Mayor, Pedro J. Hernández Navascués,
propone hacer un segundo Paso representando la V Palabra y muestra dos
proyectos: Uno valorado en un millón ochocientas mil pesetas y el otro en cuatro
millones. Tras la discusión de si es procedente construirlo, se somete a
votación el hacerlo o no y en caso afirmativo cual de las dos opciones se elige.
Aprobada por mayoría su
construcción, se opta por la realización del primero que resulta ser del
escultor murciano Francisco Liza Alarcón, nacido en 1.929 en la
pedania de Guadalupe a 8 Kms. de Murcia capital. Este imaginero es muy conocido
en su Comunidad natal y en las Valenciana y Andaluza, donde ha realizado muchas
figuras religiosas y pasos procesionales repartidos por esas regiones. Ha
obtenido premios por esos trabajos y actualmente es el restaurador oficial de
las tallas de Salzillo a cuya escuela pertenece.
Acto continuo se procedió a
formalizar el contrato con el artista, quien se comprometió a tenerlo terminado
para poder salir en la procesión de 1.989, y la Cofradía a abonarle su importe
en cuatro entregas Las dos primeras de 400.000 pesetas al formalizar el encargo
y en enero de 1.988. Otra de 500.000 en Semana Santa de ese mismo año y el
resto, también de medio millón, al entregar la obra en la Cuaresma del
Cincuentenario.
En el Boletín informativo de febrero
de 1.988, se da cuenta de que el escultor ya tiene realizados el busto del
Cristo, las cabezas de María Magdalena y de los romanos, así como brazos y
piernas de estos dos últimos. Con el inicio de la primavera acometerá la de los
cuerpos de estas dos figuras de tamaño natural (1,70 m.); que pasado el verano
realizará el policromado de las tallas y tal como se comprometió las entregaría
todas terminadas a principios de 1.989.
Mientras tanto, en Zaragoza, se
mantienen contactos y se piden presupuestos, bocetos e información para
construir el chasis del paso y una digna greca, que llevará grabadas siete
escenas policromadas, representativas de cada Palabra, en los laterales de la
misma; que irá sobredorada y en cuyo frontal resaltará el escudo de la Cofradía,
lo mismo que en cada esquina sendas águilas simbólicas del Apóstol San Juan. El
artista constructor es Manuel Arcón, nacido en Barasona (Huesca) y
vinculado desde su infancia con Zaragoza, donde estudió en la Escuela de Artes y
Oficios, trabajando y haciendo prácticas en el taller de su maestro Félix
Burriel. Es autor galardonado de muchas obras y tallas religiosas, como la
escultura de Pignatelli y el Paso del Entierro en Híjar. El importe de tal greca
se calcula en un millón de pesetas.
Con todos estos detalles y
antecedentes, más las fotografías en color de los trabajos escultóricos ya
realizados por ambos artistas y la información verbal que traen los comisionados
que han visto en Murcia y Zaragoza las tallas efectuadas basta la fecha, se
tiene el buen presagio de que va ha resultar un extraordinario conjunto
artístico digno de parangonarse con los mejores de imagineros de reconocido
renombre y categoría artística cuyas obras desfilan en la Semana Santa española.
El boceto que se puede ver en esas fechas, presenta cuatro figuras agrupadas: la
de Maria Magdalena, semiarrodillada al pie de la Cruz, en la que se apoya y
abraza, viéndose su mano izquierda asomando a la altura del tobillo de Cristo;
la de Jesús, clavado en el madero cruzado con el INRI en su cimera, tiene la
boca entreabierta y reseca, sus ojos, angustiados por la fiebre y la sed, están
dirigidos hacia la esponja de vinagre empapada que al extremo de una larga caña
le acerca a sus labios ardientes un esbirro que hay junto a un soldado romano.
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Por la expresión del Crucificado
parece que esté esperando, anhelante, no ese líquido avinagrado con hiel que le
aproxima el sayón, sino el agua cristalina y pura de nuestro amor filial que,
patentizado con el fiel cumplimiento de su Santa Doctrina, pueda compensar -de
algún modo- los sufrimientos terribles que para expiar nuestros pecados está
padeciendo en la Cruz, en su calidad de Hombre Hijo único de Dios y condición
humana de la Segunda Persona de la Santísima Trinidad.
El grupo escultórico de tan
dramática escena (montado en la peana, con la greca antes descrita, sobre un
chasis con sus ruedas cubiertas por unos dignos faldones) compondrá el segundo
nuevo Paso que, siguiendo al actual estrenado en 1.948, llevará nuestra Cofradía
en adelante para dar más vistoso fondo y eco visual a la verbal predicación de
las Siete Palabras procesionalmente, ya desde este
Cincuentenario que va a cumplirse de nuestra fundación en 1.940.
Estas gratas impresiones se vieron
reforzadas con la información escrita del
Tte. de Hno. Mayor, Ricardo
López Lera, quien a su regreso de Murcia -donde estuvo el 20 de agosto, 1.988-
nos comunica: que las tallas están ya en su última fase; la de Cristo, en tamaño
natural y del más puro estilo Salzillo, concluida totalmente y en las tareas de
ensamblamiento para iniciar el policromado. Como dato curioso, dice, que este
escultor es muy exigente consigo mismo por lo que no terminándole de gustar los
brazos que al principio había esculpido, ha vuelto a hacerlos nuevos quedando a
su entera satisfacción. Los ojos, a diferencia de otros crucificados, tienen la
mirada dirigida al centro donde está la esponja. La cruz tiene tallados los
nudos y otras asperezas de la madera sin desbastar, que es redonda y mide 4
metros, es decir imitando un gran madero cruzado.
También la Magdalena está
finalizada, a falta solamente del policromado. Como el resto de las figuras, es
de tamaño natural; tiene una larga melena que le cae sobre la espalda y va
vestida con ropajes muy logrados. Está mirando hacia arriba de la cruz, al
rostro de Cristo.
El Sayón que empuña la caña con la
esponja, está de pie y en la postura apropiada de acercársela a Jesús;
representa un hombre de mediana edad con barba y lleva una venda de tela
rodeando la frente para sujetarse el pelo y empaparle el sudor (según costumbre
de la época). Al Soldado que hace guardia, le sustituyó el rostro inicial de un
hombre maduro con barba, por la de un joven sin ella que lógicamente va vestido
con el uniforme (coraza y casco) de los legionarios romanos, para ajustarse lo
más posible a las Escrituras. Estas dos imágenes estarán terminadas
completamente en octubre y las cuatro podrán estar en Zaragoza a mediados de
enero o principios de febrero de 1.989.
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Así se llegó al 23 de marzo, día de
Jueves Santo, en que montado el Paso completamente desde la tarde anterior,
pudimos verlo en la iglesia de Santa Isabel (San Cayetano) rodeado de los
cofrades que hacían guardia alrededor suyo en la nave derecha del templo junto
al Altar Mayor y al lado de su hermano -el Paso de la III Palabra- también
escoltado por sus cofrades guardianes, luciendo ambos la belleza y majestuosidad de las tallas cinceladas
magistralmente por los artistas que las esculpieron tan maravillosamente, siendo
orgullo de estos dos laureados escultores dignos de parangonarse con los más
renombrados imagineros españoles.
De esta manera, y tal como se nos
habían descrito las figuras y su colocación, lo contemplamos en su exuberante
maestría y belleza de composición, a falta solamente de dos detalles: la corona
de espinas del Crucificado y la esponja del final de la larga caña, que su autor
quiso colocar como colofón simbólico de su magnífica obra viniendo de Murcia a
imponérselas personalmente en el mismo Paso escultórico poco antes de que fuera
contemplado por el pueblo de Zaragoza en su primera salida procesional del Viernes Santo 24 de marzo de 1.989.
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(Obra consultada:" Cincuenta años
de tambor en la ciudad de Zaragoza" de Mariano Rabadán Pina)
Cristo de Las Siete Palabras
Peana
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La ilusión y el anhelo de muchos Hermanos de la Cofradía es - tal vez lo verán
nuestros
hijos o nietos -
poder sacar a la calle los siete "pasos" que representen las SIETE PALABRAS que
Cristo pronunció en la Cruz antes de morir. Cofradías como las Siete Palabras de
Valladolid plasman en esa Pasión itinerante en la que se convierten nuestras
calles y plazas durante la Semana Santa, los siete momentos en que Cristo nos
dejó su legado de perdón, amor, soledad y entrega.
Y la Junta ha creído que este año era un buen momento para poder enriquecer el
patrimonio de la Cofradía con un nuevo paso. Las circunstancias económicas
ayudaban también a tomar esa decisión sin tener que pedir a los Hermanos y
Hermanas un esfuerzo añadido. Por eso se puso manos a la obra y se entró en
contacto con un escultor, D. Jesús Ferrández Juan, de Arganda del Rey. En su
taller y después de dos viajes realizados por miembros de la Junta de Gobierno,
se encargó la nueva talla que, en la primera Semana Santa del siglo XXI,
procesionará por vez primera por las calles de Zaragoza.
La novedad es que lo sacaremos a la calle a hombros. Nuestro Cristo,
cruzará el umbral de la Iglesia de San Gil la noche de Lunes Santo en el Vía
Crucis Público Penitencial por las calles de nuestra Parroquia.
La nueva talla es de abedul americano en color rojo intenso muy similar a
nuestro Paso de la Tercera Palabra. La greca de la Peana es de madera de caoba.
La Cruz será redonda e irá sobre una sobre peana que a su vez asentará sobre un
Calvario. La altura de la Cruz se calcula será de unos dos metros y medio.
Un nuevo paso pues para la Cofradía y por ende para Zaragoza que enriquecerá más
si cabe la Semana Santa de esta ciudad.
Una nueva realidad que servirá para plasmar por las calles y plazas el sentir de
La Cofradía de Las Siete Palabras y de San Juan Evangelista en su misión sublime
de dar a conocer al pueblo de Dios el mensaje, la herencia que Cristo nos dejó
antes de morir, en sus SIETE PALABRAS.
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