
El 8
de abril de 2003 un tanque norteamericano disparaba contra el Hotel
Palestina de Bagdad, en el que se alojaban numerosos periodistas
occidentales. Como consecuencia del ataque morían José Couso, reportero
de Telecinco, y el camarógrafo de Reuter, Taras Prostyuk. Poco antes, un
misil había golpeado las instalaciones de una televisión árabe y había
matado a otro compañero. Quién disparó? ¿Por qué lo hizo? ¿Quién dio la orden? El sargento Shawn
Gibson apretó el botón del carro de combate Abrams que destruyó parte del
edificio y provocó la muerte de dos reporteros. Él asegura que no vio ninguna
cámara de televisión, pero sí a alguien con unos prismáticos. ¿El ejército
norteamericano no comunicó a sus tropas sobre el terreno que aquel era el hotel
de los periodistas?.Paul Pasquale,
Carlos Hernández, Olga Rodríguez, Jorge Pliego, Pascale Bourgaux, Ángeles
Espinosa, Mónica G. Prieto, Antonio Baquero, Jesús Quiñonero, Taysir
Alouni, Chris Tomlinson y Jon Sistiaga estaban allí Unos, en el propio
hotel Palestine. Otros, empotrados en la división a la que pertenecía el
blindado que lo atacó. Todos ellos son periodistas y han ofrecido su
versión de lo que vieron y vivieron el 8 de abril de 2003. Couso,
de 37 años, casado y padre de dos hijos, falleció en la mesa de
operaciones del Hospital San Rafael, donde fue sometido a una operación.
Sufría heridas en la barbilla, el tórax y la pierna derecha.

"Un
año de mentiras, ausencia y dolor" En el propio
Bagdad, donde murió el cámara de Telecinco, una veintena de periodistas
han celebrado un acto en su memoria. En la ceremonia,
desarrollada junto al Hotel Palestina, Javier Couso -un hermano de José,
a quien acompañaban dos miembros del "Colectivo Hermanos, Amigos y
Compañeros de José Couso-", dio lectura a un comunicado de homenaje
y de denuncia. En el texto se
destaca la calidad humana y el buen hacer en el desarrollo de su profesión
de José Couso, y se exige de manera contundente una investigación
independiente que depure todas las responsabilidades en el ataque que
costo la vida al cámara. Tras depositar dos ramos de flores bajo el balcón
donde Couso recibió el impacto disparado por el tanque estadounidense,
los asistentes rompieron en aplausos. Para finalizar,
Javier Couso leyó una carta abierta a su hermano, en la que expresó su
deseo de que se haga justicia y recordó a los millones de personas que
gritaron hace una año "NO a la guerra". "José, he
venido a decirte que no te hemos olvidado y nos acompañas cada día",
empezaba la misiva, en la que se subrayaba que "hoy se cumple un año
de mentiras, ausencia y dolor". "Gracias a ti, hemos visto que
no hay bombas inteligentes ni daños colaterales, sólo casas arrasadas y
civiles que sufren", afirma Javier Couso en esa carta, que concluye
con un sentido "`te quiero!", dirigido a José.

A JOSÉ COUSO
Los
ojos miraban desde el corazón,
muerte ilegal, disfrazada, clandestina.
Golpe a golpe cada ojo se me hace polvo,
es la ceguera oscura de la guerra.
A
bombazos clausuran las ventanas,
la del corazón, la de los ojos,
la de la cruel realidad,
mortandad infinita.
Niños, mujeres, ancianos, periodistas,
todo es poco para el mastín asesino,
todo es mucho para dejarlo con vida.
Las
cámaras mueren de pie,
apuntando con las pilas puestas,
no importa el lenguaje que describe la guerra,
todo es objetivo militar,
francotirador acechante.
La
vida se escapa reptando por las piernas,
pidiendo aire, entre el río y la distancia,
el último estertor, la última oración
con una lágrima de sangre entre las plumas.
Es
el grito de Couso en Bagdad,
¡Ha sido un tanque!, ¡Ha sido un tanque!
Para atrincherar el testimonio
la muerte muerde secretamente.
Joaquín
Pintanel