17
6 DE MAYO, SAN JORGE
Digo sobre reptiles arrugados,
sobre marchitas pieles pintadas de colorete,
sobre tardes de cáscara y grosería
que en los estantes se difuminan,
si,
sobre ellas escupo como Blas de Otero
"contra el suelo y esos poetas de corbata cursi".
Siento las papilas de esa gente grotesca
como una mano de agónica desnudez,
siento su repulsiva baba, hipócrita,
cebarse en mis ojos
empapando la frente de mentira.
Veo a esas damas de gris
que pueblan butacas como tumbas,
veo sus pechos atravesados por alfileres
donde penden arañas con miedo en los ojos,
las veo aposentadas
donde duermen hombres con difteria
en los párpados
aferradas a la posición de los privilegios.
Santoral de intrigas y favores.
Caminamos en un cieno verdoso
de esputos y zancadillas,
de labios blandiendo su garra
contra héroes vencidos y en desuso,
amordazados por la invalidez de nuestras
manos.
Un ojo moribundo llorara la confabulación
de las estrellas
mientras unos folios que ya no respiran
tienen la tristeza próxima de las palabras.
Pero yo reclamo mi derecho a maldecir,
a no subyugarme con sonrisas fatuas,
a caminar en el viscoso abrazo de la lengua.
Tal vez decida renunciar
al trópico de las sienes,
a la angustiosa soledad de la luna,
al otoño vagabundo de mi pecho.
Quizá no sea más que una máscara
de rencor desteñido,
pero no por eso
dejaré de escupir sobre sus dedos.


