
DANIEL
GRUSTAN ISABELA

UNA DE GÁRGOLAS
En mi barrio sin catedrales, tenemos gárgolas.
Pétreas gárgolas, despeinadas,
inmóviles pero retráctiles cual ojo de caracol.
Aleatorias gárgolas arrugadas.
Sale, entra la gárgola pinpanpun, la aguileña,
rapaz y territorial gárgola;
aprehensivas, avizores, cutres,
apostadas gárgolas.
Sólo reniegan de su estoica misión
cuando los elementos se confabulan.
Se retiran en aleteo ventanal ante
unas pocas gotas cristalinas
que ejercen de agua bendita,
dracúleas gárgolas huidizas.
También tenemos gárgolas entrañables:
La gárgola que no se entera,
que mira hacia adentro, melancólica.
La gárgola tapiada, lapidada, edificada en sus lindes
que teme un coscorrón gargoril si es operativa.
La gárgola que se ha muerto, y continúa haciendo de gárgola
porque nadie se lo ha comunicado...
Puñeteras gárgolas de sopas quemadas.
Buscan en las afueras de su pared lo que les falta dentro.
Me pregunto si tendréis culo.